CINCO ESTRELLAS.

He aquí la misma historia de siempre.
Una vez más vuelvo a estar en el lugar equivocado. Y, sí. Todo sea , tristemente, por un par de billetes en forma quincenal.
Lo menos tolerable, de todo este sacrificio estúpido: la gente. Se deberá a que estoy más viejo y sin praticar la tolerancia. Sí. Estos seres denominados compañeros de trabajo. También podría hablar de la otra gente, pero resulta un tanto más complicado y sacrificado.
Mis compañeros parecen gente inofensiva a primera vista, y algunos pocos, seguramente lo sean. Gente que todavía cree en el progreso. Aunque la gran mayoria anhela jubilarse aquí, y a los que todavía no se les a ocurrido, me aconsejan "cuidar el trabajo". Ya que soy muy afortunado de pertenecer aquí.
Un hotel cinco estrellas.

"Este es un trabajo para toda la vida, si lo cuidas" , me dijo Rodrigo de veintisiete años, con cinco y medio de pertenencia. Claro que a él no se la hicieron tan fácil como a mí, el tuvo que pasar cuatro años trabajando en eventos: casamientos, bart/bat mitzva , eventos empresariales y otro tipo de cuestiones, en la que nunca se ve propina alguna y trabajás como un mulo. Pero eso era tiempo pasado. Gracias a sus meritos y perseverancia, Rodrigo se había ganado el tan ansiado ascenso. Esto, nada cambió la hora y media que tiene de viaje para llegar al hotel, ni tampoco las dos horas para llegar a su casa. Siempre contando con  la suerte a favor, de que los trenes funcionen casi correctamente. Pero sí, alimentó su sueño inmediato del auto usado.
Decía que mis compañeros parecen inofensivos, hasta que te largan el rollo de sus ideas. Que  ni siquieran son de ellos.
Los tengo a mi alrededor, Marcelo de 49 años, con veinti nueve en el hotel. Enrique de 61 años  con cuarenta de servicio. Vargas de 47 con veintidos de antigüedad, Osvaldo de 58 con treinta y tres de room service. El pelado Kiwi 39, con dieciseis de camarero. Luego estan los más chicos, como Rodrigo, o Alejandro (Alfedo balcón) que llevan cinco, seis o siete años.
Todos en mayor o menor medida tienen algunas cosas en común que los caracteriza: sus ojeras, el cuello irritado de afeitarse a diario antes de tomar servicio, un rostro con la sonrisa escasa, su andar aletargado, que solo cesa  ante el atiborrear de las comandas. No puedo generalizar, ya que son distintas generaciones, pero se respira un aire similar al del abatimiento.
Otra cosa es esucharlos. Hablan de autos a pagar, de terrenos e hipotécas. Debaten acerca de las ventajas de sacar electrodomésticos en cuotas y del futuro celular. De vez en cuando, muy de vez en cuando, hablan de mujeres. Y cuando esto sucede, es de manera vulgar y como algo inalcanzable. Les es  más accesible un celular o algún aparato tecnológico que una mujer. También discuten acerca de la obra social y el dial de la radio.
Oigo que dicen de matar al que roba. Que con los milicos esto no pasaba y con el patilludo tampoco. Los jóvenes asienten mientras escuchan decir :"Bajar la edad de inimputabilidad para esos negros de mierda. Hay que matarlos a todos". " ¿Como haces para cambiarlos? Hay que matarlos a todos y salvar las crias no más. Hay que prenderles fuego todo".También hacen comentarios acerca del padecimiento sindicalista en el que se ve envuelto el hotel.
Como dije, parecen inofensivos a simple vista. Se  persive su miedo e inseguridad.
Preocupados por el dinero que deja una propina, discuten,  para ver a quien le toca llevar el pedido.
A los nuevos no les dan pedidos de entrada. Los tienen el mayor tiempo que les sea posible, preparando mesas o algún otro menester.Así acaparan un poco más.
No olvidemos que aquí, donde hoy pertenezco, un carton de leche se cobra $140, el mismo cartón de leche que en lo del chino lo conseguimos a $6,70. Una hamburguesa $84. Se puede conseguir que lleven dos vodkas a la habitacion por $198. Los vinos oscilan entre $170 y $1300; y cuando hablamos de espumantes o champagne, el abanico es más vasto, los espumantes van de $200 a $600. Mientras que los champagnes van de $700 a $3800. Tengamos en cuenta que todo tiene un "charge" de habitación.
Y ahí vamos nosotros con nuestros zapatos lustrados, camisa blanca y corbata celeste y azul a rayas horizontales. Todo se complementa con un chaleco y pantalon negro. Somos los de ROOM SERVICE. La envidia de los empleados del hotel. El sector donde los demas "ASOCIADOS" (el hotel no tiene empleados tiene "socios") quieren pertenecer. Ahí vamos nosotros, con un mínimo esfuerzo, pavoneando la excelencia de una mesa servida. Una mesa que deja ver mientras la hacemos rodar: un prolijo florero, vajilla de porcelana, cubiertos brillantes, servilletas inmaculadamente blancas. Panera de cuero con pan recien horneado por nuestros panaderos/pasteleros. Un pan, que se renueva cada hora y media y en su gran mayoría termina en un cesto de basura.
El ascensor, el exclusivo ascensor de ROOM SERVICE, nos depositará en el piso donde se hospeda el huésped. Para esto, la comida va cuidadosamnete transportada en el horno que posee cada mesa debajo, tapada por el mantel blanco. Una vez parados frente a la puerta de la habitación, golpeamos la puerta tres veces. No más. Ya que aquí todo está estandarizado.Y llamamos al huésped por su apellido:
¡Toc- Toc -Toc ! ¡ROOM SERVICE! ¡ MISTER JARDI! Y mister jardi nos abre la puerta nos mira y nos dice: jai! Y le contesto: Jalou. Esquiusmi plis.
Momento en que hago rodar la mesa y entro al cuarto.Y pregunto: JIAR? Señalandole un lugar. Me contesta,  ¡Ho, ies, perfec!. Procedo a correr suavemente el mantel que esconde el horno debajo de la mesa. Abro el mismo y saco el plato caliente y lo subo a la teibl, perdón, mesa. Tomo una especie de carpetita de cuero, donde se encuentra el pre-check que firmará Mister Jardi. Y le pido: ¡Cul Sing, plis! mientras le marco con una cruz donde debe firmar. ¡Ho, ies! Vuelve a contestar mister jardi. Momento culminate. ¿Qué hará mister jardi, cuando termine de firmar? ¿Pondrá propina en la carpetita?
Mientras firma, destapo el cabernet y  lo sirvo en la copa para que lo pruebe y me de el okey. Me da el okey. Cerró la carpetita con mi atención en el corcho y no pude ver si puso dinero dentro.
Le saco el film a su ensalada de salmón ahumado, caviar, tostadas, queso crema, alcaparras,pepinillos, cebollitas en vinagre y brotes de estación.
¡Iu salad! le comento. Y por último saco la closh, perdón, la campana platenada cuidadosamente lustrada, que oculta el lomo de ternera a la semilla de mostaza, acompañado con papas a la crema y cebollas al malbec. Le indico con mi mano el sector de la mesa donde se encuentra el postre. Que no es más que frutas fileteadas. Mister jardi me devuelve la carpetita con el pre-check firmado. Me acompaña amablemente hasta la puerta y me dice, zenkiu, ofreciendome veinte dólares por mi servicio.
Mientras espero el ascensor guardo el billete en mi bolsillo izquierdo y el destapador en el derecho. No está nada mal la tip´s, perdón, propina. Pero consideremos que ni siquiera llega al 10 porciento de la adición.
Al llegar veo fajinar a Rodrigo unos vasos de trago largo, los más viejos toman Coca Cola y café. Están tomandole el pelo a  cuarto kilo, Alejandro, le dicen Alfredo Balcón, por que estudia teatro con Reina Reech, y dice que le gustaría ser actor.
Fué precisamente él, el que delató  mi  actividad paralela, cuando le pasé unos datos de castings y el teléfono de Gianni Mestichelli para que se haga unas fotos que le permitieran audicionar. Por él, se enteraron que trabajo como actor. A mí no me toman el pelo. Ya que Alejandro anduvo husmeando en internet buscando mis trabajos realizados. Y ante esas pruebas, para ellos  contundentes, estoy libre de sus burlas. No así de sus llanos comentarios y aburridas preguntas : ¿Que hacés trabajando aca? ¿A cuantos famosos conoces? ¿Se paga bien che? Por supuestro sería quimerico haceles entender la inestabilidad de la profesión, más para alguien como yo.  De igual manera no entendian como había dejado de trabajar en un hotel mucho más lujoso que este, como es el Alvear Palace Hotel. Tuvierón la misma reacción que el gerente de sector y la gerenta de recursos humanos. Poner cara de sorprendidos y elevar un tono el sonido de su voz para preguntar: ¡¿ Estuviste en el Alvear?!  ¡¿Y qué pasó?!
Ahí esta el punto. Esta gente no concibe que  alguién  a quien se le ha otorgado : buen dinero, obra social, tarjetas de débito, de crédito, comedor diario, lockers, premios e insentivos, posibilidad de ascenso y otros beneficios que seguramente se me han de escapar, RENUNCIE. Eso lo convierte a uno, en hereje de la hotelería, en alguién irrelevante para con sus necesidades, un iconoclasta propuesto a romper el orden reinante, un disidente de su bien ganado estilo de vida. No permiten que nada, ni nadie pueda perturbar o atentar contra  sus sagrados items: Tradición, Familia , Propiedad privada...
Renuncias a un lugar, que es muy bueno para otros. Renuncias, sabiendo que haces lo que hace rato tenías decidido. No mucho más que eso. Renuncias a algo, para obtener otro algo.
Me daba cuenta de sus miradas.Trataban de disimular su desconformidad hacia mi.
Y con una seriedad fingida, me interrogan  acerca de por que no me anoté en Gran Hermano.
Hacía rato que no explicaba nada. Los conocía lo suficiente. En todos los lugares funcionan de la misma manera. A Marcelo se le escapo un " A mi me parecía que eras medio zurdito"
En el momento que le sonrio socarronamente, por suerte, llegaron más comandas anunciando pedidos por llevar. Vale aclarar que no es molestia alguna que mis compañeros se hayan enterado que de vez en cuando trabajo como actor. Solo que por experiencia aprendí que no es recomendable. Por trabajar un par de capítulos en una tira de televisión, prescindieron de mis servicios en el Caesar Park . Se armó tal revuelo cuando mis compañeros vienieron a saludarme,otros pocos a felicitarme y muchos a criticarme, que la noticia llegó a gerencia. Y decidieron que lo más recomendable para mí, era no pertenecer a su lugar de trabajo.
Mi turno.Una nueva comanda. Habitación 2218. Louis Roederer Cristal, ¿Que tal he? Esto vislumbra la posibilidad de una suculenta propina. Tres compañeros,  me observan con envidia mal disimulada, por que al "nuevo" le toco una comanda con la  mejor CHampagne. Y alguién decidió aventurar si era a mí a quien le tocaba esa comanda. Sí. Contestó Osvaldo, uno que  junto a Rodrigo, son de los que me cuidan.
Preparo castañas de cajú y un par de bombones para acompañar a Roederer Cristal.
Marcelo me sugirio si le quería cambair el pedido. Lo pensé. Marcelo es él que quiere matar a todos los negros de mierda. Le digo que no. A él ya le había caído la ficha que yo era sapo de otro pozo. Un vago que quería vivir de su oficio y no podía y eso me llevó a insmiscuirme en su  trabajo. Y eso a el particularmente le molestaba.
Claro, hay que tener en cuenta por favor,  que este muchacho en cuestion vale $3500. No, no estoy hablando de Marcelo. Hablo de Louis Roederer Cristal, y a cualquier camarero le gustaría llevarlo a la habitación. Más si elucubramos que el futuro propietario esta con un par de mujeres tan o más caras que la Champagne en cuestion, y no le importará extendernos una importante gratificación.
Subo al ascensor con la mesa preparada.Castañas, bombones, la champagne y copas para tres.
Que sean tres no significa que mis elucubraciones fueran acertadas. Podrian ser tres hombres, o tres mujeres, o dos mujeres y un varón o la más clásica, dos hombres y una mujer. ¿ Porqué será que no pineso en un papá, una mamá y su hija o hijo? Probablemente se deba a la hora.
Piso 22. Habitación 2218. Leo la comanda. TOC-TOC-TOC. ¡ROOM SERVICE! ¡SEÑOR GUTIERREZ!
El que habrío la puerta en calzoncillos es Gutierrez. Me hace pasar. Permiso por favor, le digo.
Gutierrez es un gallego de unos 63 años aproximadamente. Lo veo buscar algo apresuradamente, creo que son sus pantalones. Al hacer dos pasos veo la cama habitada por dos mujeres. Una está metida adentro y tapa sus tetas con la sabana, la otra esta sentada en ropa interior. Trato de no mirar mucho, pero aprovecho que Gutierrez esta de espalda ocupado en sus pantalones. No para ponerselos, si no para sacar de allí su billetera. Las chicas hablan y descubro que son argentinas. Louis Roederer ya está destapado.La chica que ocultaba sus pechos, también. Mientras sirvo las tres copas, se me van acercando, y les voy entregando una a cada uno.Respetando el orden gastronómico. Ninguna de las chicas superan los veinte años.
La que esta en ropa interior comenta "que tentación" mientras se clava un bombón.
El gallego me dice algo que no entiendo muy bien, y me entrega un puñados de billetes. Ni los miré. Así como me los dio fueron al bolsillo del pantalón. El gallego se vacio la copa de un trago, y se tiro de palomita a la cama mientras gritaba ¡ Haaaaaaaaaaaaaaaa!. Nadie me acompaño hasta la puerta.
Cuando llegué al ascensor exclusivo de ROOM SERVICE. Me detuve a mirar por el ventanal del piso 22.
Se contempla un río oscuro,como una gran mancha de brea, con pequeñas luces pretendiendo flotar en él. Se pueden ver tres cruceros anclados paralelamente en el puerto. Una luminosa tira amarilla se hace parte de la costa Uruguaya. Un ferry llega a destino. Y a mi izquierda,  miles de chapas y prefabricadas se empinan en forma horizontal, cual torre de pisa, entre la autopista y las vias del tren.
Desde aquí mi ciudad se percibe tan tranquila, que si no creyera conocerla en profundidad, me lo creería.
Pispéo mi reloj, y decido seguir contemplando la visual unos minutos más. Al colocar la mano en mi bolsillo izquierdo, noto al tacto, el bollo de billetes que me dio el gallego. Los estiro,mientras un obnibus se pierde por la avenida.
Poco tránsito esta noche. En el cielo las estrellas escacean. Las cuento, no son más de cinco. Los euros que me dio Gutierrez son treinta. Los guardo nuevamente, ahora prolijos.Con esto se puede decir que me hice el día.
Faltan veinte minutos para que finalice mi turno.
Vuelvo a posar los ojos en la ciudad y sus luces incontables.
La noche sigue pareciendo calma.
Le susurro que me saque de aquí.

1 comentarios:

Diego Costa Garrido dijo...

Habilitaste comentarios? Excelente.
Dejá de dormir y terminala...gracias.

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